Animales
Flores antes del Fin
Un hallazgo paleontológico en Nuevo México cuestiona una de las ideas tradicionales sobre la evolución de las plantas con flores: que su expansión definitiva y la diversificación de sus frutos se produjeron principalmente después de la extinción de los dinosaurios.
Los fósiles descubiertos muestran que estas plantas ya formaban bosques maduros y producían semillas y frutos relativamente grandes hace unos 74,6 millones de años, casi diez millones de años antes del impacto del asteroide que provocó la desaparición de los dinosaurios no avianos.
La investigación, dirigida por científicos de la Universidad de California en Berkeley y publicada en la revista *Science*, aporta nuevas pistas sobre cómo evolucionaron las plantas con flores, conocidas como angiospermas, y sobre sus posibles relaciones con los animales que contribuían a dispersar sus semillas.

Un bosque sepultado por cenizas volcánicas
La investigación se basa en un conjunto excepcional de fósiles vegetales conservados en una capa de ceniza volcánica de la formación Jose Creek, en Nuevo México. El depósito, conocido como Dori’s Tuff, conserva restos de semillas, frutos, flores, hojas y troncos que permiten reconstruir cómo era la vegetación de aquel entorno durante el Cretácico superior.
Su principal valor reside en la forma en que quedó preservado. La ceniza cubrió el bosque en un periodo relativamente breve, lo que permitió conservar materiales vegetales procedentes de diferentes alturas y zonas del paisaje con un desplazamiento limitado. Esta circunstancia ofrece una imagen más detallada de la comunidad vegetal que la obtenida en muchos yacimientos donde los restos se acumularon durante periodos prolongados en ríos, lagos o zonas costeras.
Los investigadores estudiaron fósiles recogidos en numerosos puntos a lo largo de aproximadamente 1,2 kilómetros del depósito. El análisis permitió identificar una vegetación diversa, con árboles de gran tamaño y plantas con flores que compartían el entorno con helechos y coníferas, incluidos parientes de las secuoyas actuales.
Frutos grandes mucho antes de la extinción
Uno de los resultados más relevantes fue la identificación de casi 80 tipos morfológicos distintos de unidades de dispersión, estructuras que incluyen las semillas y los tejidos asociados que facilitan su propagación. En muchas plantas, estas unidades corresponden a frutos que pueden ser transportados por el viento, el agua o los animales.
El tamaño medio de estas estructuras fósiles era comparable al de un arándano grande, una dimensión considerable frente a la de muchas semillas diminutas encontradas en otros yacimientos del Cretácico. Algunos de los ejemplares alcanzaban aproximadamente 2,5 centímetros de longitud.
Los datos indican que determinadas plantas con flores ya destinaban recursos a producir frutos y semillas relativamente voluminosos, una estrategia que puede favorecer la supervivencia de las plántulas y, en ciertos casos, la dispersión mediante animales.
Hasta ahora, buena parte de las interpretaciones paleobotánicas situaban una diversificación importante de estas estrategias reproductivas después de la extinción masiva de hace 66 millones de años. Según esa explicación, la expansión posterior de mamíferos y aves frugívoros habría favorecido la evolución de frutos grandes y carnosos.
El nuevo registro fósil demuestra que esa diversidad ya existía mucho antes, al menos en algunos ecosistemas cálidos y húmedos del Cretácico.
Los dinosaurios no impidieron la expansión de las angiospermas
Las plantas con flores aparecieron mucho antes, hace aproximadamente 135 millones de años, durante el Cretácico inferior. Inicialmente, muchas tenían un porte reducido y producían semillas pequeñas que podían dispersarse sin ayuda de animales.
Con el tiempo, las angiospermas diversificaron sus formas, tamaños y estrategias reproductivas. Sin embargo, algunos estudios de floras cretácicas habían llevado a pensar que los dinosaurios y las condiciones ecológicas de aquella época limitaban la formación de bosques densos dominados por estas plantas.
El yacimiento de Nuevo México ofrece una imagen diferente. Los restos de troncos y frutos indican que ya existían árboles con flores de gran tamaño y comunidades vegetales complejas antes de la extinción de los dinosaurios. Estos árboles convivían con coníferas maduras y otras plantas de linajes más antiguos.
Los resultados sugieren, por tanto, que la expansión de los bosques dominados por angiospermas y la aparición de distintas estrategias de dispersión de semillas no dependieron exclusivamente de los cambios ecológicos posteriores al impacto del asteroide.
¿Qué animales dispersaban aquellas semillas?
El tamaño y las características de los frutos encontrados permiten plantear que algunos animales pudieron alimentarse de ellos y contribuir a transportar sus semillas. En el Cretácico existían mamíferos primitivos y distintos grupos de dinosaurios, aunque el registro fósil no permite atribuir con certeza cada fruto a un consumidor concreto.
Los investigadores consideran que las interacciones entre plantas y animales ya eran más complejas de lo que se había supuesto. La presencia de semillas grandes sugiere que algunas angiospermas habían desarrollado mecanismos reproductivos especializados antes de que aparecieran o se diversificaran muchos de los grupos modernos de mamíferos frugívoros.
No obstante, el estudio no resuelve por completo por qué evolucionaron estas estructuras ni qué factores impulsaron su aumento de tamaño. El clima cálido y húmedo, la competencia entre plantas y las interacciones con los animales pudieron intervenir de distintas maneras.
Una nueva perspectiva sobre la evolución vegetal
Las angiospermas representan alrededor del 90 % de las especies vegetales terrestres actuales y constituyen la base de numerosos ecosistemas y de gran parte de la alimentación humana. Cereales, frutas, verduras, frutos secos y muchas especias proceden de este grupo.
Comprender cuándo desarrollaron sus distintas estrategias reproductivas ayuda a reconstruir la evolución de los ecosistemas y las relaciones entre las plantas y los animales. El hallazgo de Nuevo México muestra que algunas de esas innovaciones surgieron antes de lo que indicaban las interpretaciones tradicionales.
La investigación también destaca la importancia de los yacimientos que conservan ecosistemas completos. En lugar de ofrecer fósiles aislados de diferentes épocas, estos depósitos permiten estudiar cómo convivían las especies y qué papel podían desempeñar dentro de una comunidad.

Conclusión
Los fósiles de Nuevo México revelan que las plantas con flores ya formaban bosques maduros y producían semillas y frutos relativamente grandes hace 74,6 millones de años. El descubrimiento cuestiona la idea de que la diversificación de sus estrategias reproductivas comenzó principalmente después de la extinción de los dinosaurios. Aunque todavía quedan preguntas sobre el origen de estas adaptaciones y los animales que participaron en su dispersión, el estudio ofrece una visión más compleja de la evolución de las plantas y de los ecosistemas del Cretácico.