Animales
El Hábitat que Importa
La forma en que utilizamos y gestionamos el territorio puede determinar qué especies encuentran un lugar adecuado para vivir. Un nuevo estudio europeo revela que el tipo de uso del suelo y la intensidad con la que se gestiona influyen en la idoneidad de los hábitats para la fauna.
La investigación, realizada por científicos de la University of Surrey, el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) y el Natural History Museum, analizó 229 especies de vertebrados de zonas agrícolas y forestales de Europa.BEl trabajo incluyó 123 especies de aves, 86 mamíferos y 20 reptiles y anfibios. Los resultados muestran que los efectos del territorio no son iguales para todas las especies.

No todas las especies responden igual
Los investigadores descubrieron que las especies comunes y capaces de adaptarse a diferentes entornos pueden beneficiarse de determinados cambios en la gestión del territorio. En cambio, las especies raras y más especializadas parecen ser más vulnerables cuando los paisajes cambian.
Los animales generalistas, que ya están acostumbrados a convivir con los seres humanos, parecen tolerar mejor algunos niveles de intensificación. Entre ellos se encuentran numerosas aves y mamíferos ampliamente distribuidos.
Las especies con necesidades ecológicas más específicas, y que ocupan áreas de distribución más pequeñas, pueden tener mayores dificultades para encontrar las condiciones que necesitan.
El tipo de suelo pesa más
Uno de los resultados principales del estudio es que el tipo de uso del territorio normalmente tiene un efecto mayor sobre la idoneidad del hábitat que la intensidad de su gestión.
Sin embargo, la intensidad también desempeña un papel importante y sus efectos dependen del tipo de ecosistema y de las especies que lo habitan.
En las zonas agrícolas, por ejemplo, los terrenos cultivados con menor intensidad y los pastizales tendieron a ofrecer condiciones algo más favorables que sus equivalentes gestionados de forma intensiva.
La agricultura intensiva suele implicar un mayor uso de maquinaria, fertilizantes y pesticidas, mientras que los sistemas forestales intensivos pueden caracterizarse por ciclos de tala más rápidos y plantaciones de árboles más uniformes.
Los bosques también cambian
En los ecosistemas forestales, la intensidad de gestión tuvo un efecto especialmente importante sobre las especies de distribución amplia.
Estas especies tendieron a beneficiarse de una mayor intensificación, mientras que las especies forestales más raras y especializadas podrían verse perjudicadas por determinados cambios en la gestión.
Esto demuestra que una misma transformación del paisaje puede tener efectos diferentes según el animal que se analice. Una práctica que favorece a una especie común no necesariamente proporciona las condiciones adecuadas para otra con necesidades ecológicas más específicas.
Las ciudades sorprenden
El entorno urbano fue uno de los resultados más llamativos de la investigación. Para muchas especies, las zonas urbanas aparecieron como los hábitats más adecuados.
Los investigadores señalan que esto se debe principalmente a que muchas de las especies que ya conviven con las personas son generalistas y capaces de aprovechar los recursos disponibles en ciudades y pueblos.
Sin embargo, los autores advierten que este resultado no significa que urbanizar el campo sea beneficioso para la biodiversidad.
Las especies comunes y adaptables pueden encontrar oportunidades en las ciudades, pero las especies raras y especializadas necesitan condiciones muy diferentes y pueden perder hábitat cuando los paisajes naturales o seminaturales desaparecen.
Qué significa para la conservación
Los investigadores consideran que estos resultados pueden contribuir a las estrategias europeas de conservación de la biodiversidad, especialmente a los objetivos relacionados con la restauración de ecosistemas agrícolas y forestales.
Reducir la intensidad con la que se gestionan determinados cultivos y pastizales podría beneficiar especialmente a las aves asociadas a las tierras agrícolas.
El estudio también apunta a la importancia de restaurar más zonas de agua y humedales, mientras que una reducción de la intensidad de la gestión forestal podría favorecer a determinadas especies, especialmente aquellas que dependen de condiciones forestales más específicas.
Una nueva forma de estudiar la biodiversidad
Para realizar el análisis, los científicos utilizaron modelos de distribución de especies, una herramienta que habitualmente se emplea para estudiar los efectos del clima sobre la biodiversidad.
En este caso, los investigadores desarrollaron una metodología para evaluar específicamente cómo el uso del suelo y la intensidad de su gestión afectan a la probabilidad de encontrar diferentes especies.
El objetivo fue analizar estos factores a una escala amplia, teniendo en cuenta las diferencias entre numerosas especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios en todo el continente europeo.

Conclusión
El estudio muestra que no existe una única respuesta de la fauna ante los cambios en el territorio. Las especies comunes y generalistas pueden adaptarse mejor a paisajes intensamente gestionados e incluso encontrar oportunidades en entornos urbanos, mientras que las especies raras y especializadas pueden necesitar hábitats mucho más específicos.
Los resultados refuerzan la importancia de considerar tanto el tipo de uso del suelo como la intensidad de su gestión al diseñar políticas de conservación. Reducir determinadas prácticas intensivas, proteger ecosistemas naturales y restaurar humedales y otros hábitats podría ayudar especialmente a las especies más vulnerables a la transformación del paisaje.